¿Trabajar? No hay manera. En
cuanto dices que vas al psiquiatra, vamos, es que no te dejan ni cuidar niños.
Y luego, esas medicinas. Que digo yo que, si curan, cuantas más tomes antes te
curarás. Yo, desde luego, llevo un trimestre, desde el último ingreso, que me
lo paso de lujo: qué viajes, qué hoteles, qué tíos conozco… y todo con unas
pastillitas, sin moverme de casa. ¡Ah! Y por fin, el otro día, hice una
tentativa de suicidio. Enseguida lo compartí en WhatsApp. Figúrate, era la única
que no me había suicidado ni una vez en la vida.
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4 comentarios:
Lo que no comprendo es que con esos viajes, esos hoteles y esos acompañantes, se quisiera suicidar. Ah, ya, que era para poder ponerlo en Whatsapp. Claro, porque de lo otro no tendría imágenes para compartir.
Ya no somos personas aisladas, vivimos con una guarnición, con un aliño, con un suplemento adherido que se llama guasap. Y, Ángeles, para muchos, aunque nadie lo reconozca, es una cosa adictiva.
Pero, cada vez que oigo el silbidito, se me revuelve el cuerpo. Naturalmente lo oigo por doquier y en aparatitos ajenos porque me he propuesto, en esto de la comunicación, no superar ciertos límites.
Yo tampoco lo soporto.
¿Hablaban de las maquinitas y sus efectos perniciosos?
Esto sí que es agilipoyamiento, estupiz planetaria, y trabajo futuro
para traumatólogos de cervicales.
¿Silbidos, cómo a los perros?
Caray, cómo se tratan
Pues ya lo ves, amigo anónimo, la cosa hace furor y no parece pasajera.
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