Entre los miles de construcciones
y paseos que hay en las costas, encontré una mañana este banco. Y me dije: este
es el banco de pensar.
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Oiga, ¿le apetecería sentarse a pensar en este banco?
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¿Pensar? ¡Qué aburrimiento! ¿Cree que no tengo otra
cosa que hacer?
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Pero, ¿le parece
mal pensar un rato?
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Pensar en qué.
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Pues, preguntarse por la vida.
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Yo no tengo nada que preguntarme.
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Entonces, ¿es usted feliz?
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Ni feliz, ni infeliz, estoy acostumbrado. Y si me falta
tiempo para padecer la mayoría de las cosas, no sé de dónde lo iba a sacar para
arreglarlas.
2 comentarios:
Es que pensar puede ser agotador, Lan. Y algunos, sabiéndolo, prefieren pasar de largo de ese banco, antes que sentarse para cansarse.
Sentarse para cansarse. Qué bien traído está eso.
Sin embargo Rodin esculpió sentado al pensador. Ya debía saber él que era una tarea muy cansada.
Gracias por tu inteligente comentario, Ángeles.
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