1 de septiembre de 2008

Soberbia


Los del pueblo subían lentamente acequia arriba bajo el sol de agosto. Era mediodía. No se les había dado bien. Entre los tres reunían seis codornices. Sus perros garabitos, más corraleros que cazadores, hacían lo que podían. Entonces apareció aquel predador forastero, bajaba por la acequia que ellos subían. Caminaba raudo y estirado, con un pointer nervioso, ambos muy en su papel. Llevaba apioladas veinte codornices.
Al cruzarse le saludaron en un intento amable de conversación. Sin embargo, el aparatoso cazador no respondió. Desapareció sin mirarles acequia abajo con sus codornices, su perro y su orgullo altanero. ¡Qué desdén!, rieron.

4 comentarios:

Zeltia dijo...

me he quedado como espectadora ante obra de teatro incomprendida
:) el mundo de la caza es completamente desconocido para mí, salvo algunas crueldades que me han contado, que puede que se aparten de la realidad; o que sean intencionadamente torcidas.
pero respecto a los cazadores de 6 y perros pasotas, y el de 20 y perro nervioso, creo que mucha envidia jajaja

Lan dijo...

En unos envidia, en el otro un sentimiento de superioridad tan exagerado que resulta cómico. Estampas de la vida.

Piel de letras dijo...

No me gusta la cacería. Las codornices son de las aves que mas simpáticas me caen. Y si se practica por deporte, es la cacería un triste deporte.
Si es por hambre, vaya y pase. Pero si es por diversión... ughh

Lan dijo...

Este artículo no trata sobre la caza, aunque la nombre.
Por otro lado, es normal que la caza te repugne. Pero, como tantas cosas de violencia gratuita e innecesaria, ahí está.