23 de junio de 2009

Lo que nos faltaba


Alguna vez, se me ocurre, podíamos ejercitarnos en el conocimiento del prójimo y, ya de paso, en el propio, haciendo confesiones a desconocidos. Sí, igual que le cuentas al médico, al que mediatizas con tu presencia, pero a un desconocido. Podríamos comenzar con un correo:
Estimado desconocido: Aprovechándome de su obvia imparcialidad, pues no me conoce de nada ni nada sabe de mi entorno ni me ha visto nunca, le voy a confiar mis problemas para que, sin ninguna cortapisa y si le apetece, me conteste usted dándome su opinión sincera de cómo debiera afrontar éstos.
Pues, verá usted, …
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9 comentarios:

Zeltia dijo...

una idea cojonuda
yo de hecho la practico
no así, con destinatario único, pero sí esparciéndo a los 4 vientos
y me encanta escuchar las intimidades y razones por las que se odia o se ama, todas bastante absurdas cuadno intento razonarlo. yo soy de las que inicio conversaciones con desconocidos y aduzco aquello de "pero cuéntamelo, hombre, si total no nos vamos a volver a ver ni soy de tu entorno, es tu oportunidad de sacarlo afuera sin que los que te conocen comprendan que tú no eres quien pareces"
jeje
te dije que soy voyeur de sentimientos

Zeltia dijo...

bueno, y un poco exhibicionista, también.
:-)

Lan dijo...

¿Exhibicionismo emocional?
No es fácil. Y, si tú lo consigues, eres afortunada.
Aunque no te he visto así, hasta ahora, claro. ;-)

Piel de letras dijo...

La razón de la sinrazón. Los japoneses y en general, la gente que habita grandes urbes, se siente sola. Ya casi nadie escucha a nadie. Escuchar es un arte por el que se paga muy bien (vean la demanda que tienen los psicólogos y los sueldos por hora que reciben)
Por eso, los japoneses inventaron los tamagochis. Sale mas barato contarle tus penas a una mascota virtual, que a un psicólogo a 500 dólares la hora.

Lan dijo...

Y sobre todo no te llevan la contraria. ;-)

Ángeles dijo...

Me parece que cada vez hay más gente, sobre todo personas mayores, que están deseando 'pegar la hebra' con el primero que se encuentran -en el autobús, en la cola del super, en la sala de espera del médico...-, y a poco que se les preste oídos, te cuentan sus más y sus menos con todo detalle. Lo siento, Lan ;-) tu idea no es nueva; ellos se te han adelantado. Por pura necesidad y a cara descubierta, como los valientes.

Ángeles dijo...

Se me olvidaba: la idea de desahogarse por carta -o por email-a mí particularmente me encanta, porque me gusta mucho más escribir que hablar.

Lan dijo...

Llevas razón, Ángeles. Las personas mayores llevan años haciéndolo. Sin embargo, así por escrito y sin verse la cara me da la sensación que aún se llegaría a tener más sinceridad.
Saludos.

Lan dijo...

Olvidaba decirte que soy de los que les ocurre lo mismo que a ti. Prefiero escribir a hablar.
Saludos, Ángeles.