23 de junio de 2009

Personas tuneadas


Nos avasalla la moda de los tatuajes, pendientes y taladros varios y variados en varones y hembras. Estas últimas generaciones tampoco se han librado de imitar masivamente estas masocas modas extranjeras. Así, queriendo ser diferentes, acabamos todos igualitos.
- Papá, voy a hacerme un piercing en la lengua.
- Y, de la primera hostia, te lo tragas.
- Huy, pues mira, por borde, me lo haré en un pezón y así no te coscas.
Parece que ha terminado siendo diferente, casi único, en este océano de individualidades taladradas y pintadas, el desesperado padre de la hostia.
- ¡Quieto, hombre, ya se hacen daño solos!
.

4 comentarios:

Piel de letras dijo...

Yo le dije a mi hija que se hiciera el piercing en la nariz, cuando cumpliera 40, o se mantuviera sola en su departamento o casa.

Claro, en ese entonces, ella tenía 15 o 16 años. Se compró uno de esos que se colocan con imanes y santo remedio.

Lan dijo...

Luchar contra las modas es tan quimérico como hacerlo contra la estupidez. Me parece.

Zeltia dijo...

a mí que me encantaría lo de la hostia, (suena estupendo)
siempre he tenido que reprimirme, porque el que disfrutaba en ese aspecto fue su padre, y a mí me tocaba ejercer el contrapeso

Lan dijo...

Tengo un entrañable amigo que, ante estas situaciones, las vive como en una historieta de TBO e imagina cosas como ésta:
- ¿Con que a tí te gusta mucho el tatuaje, sí, eh?
Y, sin esperar contestación:
Zas, una hostia. Al suelo...
Y me da la risa sólo de imaginarlo.