5 de mayo de 2010

Un payo en mayo

El gitano maduro, elegantemente trajeado, sonreía y, plantado en la acera, tenía los ojos clavados en lo alto. Su mirada aleteaba con alas de sonrisa y se posaba estática, como un colibrí libando, en el copete frondoso de una acacia joven. Al pasar a su lado me retuvo suavemente del brazo.
- Fíjese, amigo.
Un pajarillo afanoso cebaba a las cuatro o cinco crías de su nido.
- ¿Cuánto hace que no ha visto algo tan bonito?
- Mucho.
Me apretó el brazo, me miró comprensivo y siguió su camino. Y yo, que le había tomado por un loco, me he quedado aturdido.

4 comentarios:

zeltia dijo...

Solemos hacernos ideas apresuradas y anticipadas de las cosas. (es una de nuestras defensas para la supervivencia)
pero que suerte cuando tenemos el suficiente tiempo y ganas, para que nos hagan ver cuanto nos equivocamos.

Lan dijo...

Creo que hay gentes, y en esto los gitanos son expertos, en saber vivir disfrutando de lo que la vida ofrece. Cosas que otros no somos ni siquiera capaces de notar. La economía, la bolsa, los políticos, etc. son cosas que nos borran todos los horizontes verdaderos en cuanto nos descuidamos. Nos estamos volviendo medio gilipollas. Sí.

Aldabra dijo...

entiendo perfectamente al hombre... estos días vengo para el trabajo pensando en el nido, en la gaviota... y me maravillo viendo los huevos y pensando en el momento en que los pajarillos slagan a la luz (si es que hay pajarillos al final)

biquiños,

Lan dijo...

A mí me maravilló que el gitano me hiciera observar algo tan bello y que tenía yo tan olvidado. Y me hizo pensar que algunas gentes están más cercanas que nosotros a la alegría de la vida.
Bicos, Aldabra.