21 de octubre de 2012

Historia con dos viñetas



Bajo la cornisa del ábside de la iglesia de Campisábalos hay dos canecillos consecutivos: un hombre con su garrote acechando a una liebre y ésta, encamada, tan inmutable en la piedra como en el campo, esperando acontecimientos. Actividad frente a pasividad. Ambos confían en su suerte. Así llevan, observándose desconfiadamente, durante siglos. No hay un tercer canecillo que desvele el final de la historia. Tal vez el cantero quiso dejar que cada observador asumiera un papel. ¿Triunfará la muerte o la vida, el hombre o la naturaleza, el armado o la desarmada? Imagine usted el tercer canecillo. Pida un deseo.

6 comentarios:

Insumisa dijo...

En alguna parte escuché/leí que las liebres son omnívoras. Ese tercer canecillo bien podría representarlo.
Presa que come de todo... cazador incluido.

No se, solo se me ha ocurrido.
;)

Lan dijo...

Puede que lleves razón, Insumisa, y que, si nos empeñamos en devorar a la Naturaleza, seamos a nuestra vez fagocitados por su venganza.

Aldabra dijo...

si hizo así los canecillos sería por algo... difícil imaginar la explicación real.

biquiños,

Lan dijo...

Tal vez, Aldabra, si el hombre siguiera con su palo y la liebre con su encame, como si hubieran hecho un pacto, las liebres y los hombres perdurarían juntos para siempre (como en los canecillos). El problema es que el hombre hace ya mucho que incumplió el pacto.
Bicos.

Ángeles dijo...

O sea, ¿que así fue cómo se inventó eso del "final abierto"?

Muy interesante tu reflexión, Lan, sobre todo teniendo en cuenta que probablemente no serán muchos los que se fijen en esas imágenes.

Canecillos, una palabra nueva para mi vocabulario.

Lan dijo...

Puede que sí, Ángeles. Y puede también que la mayoría de las expresiones artísticas tengan un final abierto.