27 de noviembre de 2012

El dueño de la idea



Indiferente ya a los asuntos laborales que un día le absorbieron, escuchó a su mentor con atención y, también, con desgana. La desgana era para él algo nuevo, pero no pudo evitarla al notar, con fastidio, que aquel hombre, que un día le deslumbró, permanecía anclado en sus primeras ideas. Y no es que aquéllas hubieran quedado desfasadas, era que quien las enunciaba jamás las había llevado a cabo ni profundizado en ellas o, mejor, que jamás las contrastó con la realidad de cada día.
-        Jamás quise enseñaros el camino –dijo muy circunspecto.
-        Claro, porque no sabías cuál era.

6 comentarios:

Ángeles dijo...

¿Dónde acaba la modestia y comienza la ignorancia?

zeltia dijo...

no se puede mantener la admiración por mucho tiempo.

Lan dijo...

Puede, Ángeles, que sea en un punto en que quedamos deslumbrados por estar pagados de nosotros mismos.

Lan dijo...

En la vida, Zeltia, se encuentra uno, algunas veces, con personas que no paran de descubrir caminos que jamás recorren, pero de los que dicen saber más que quienes los han regado con sudor. Así somos.

Aldabra dijo...

o igual sí lo sabía, puede ser que simplemente no tuviera el valor de recorrer ese camino.

biquiños,

Lan dijo...

Me parece, Aldabra, que hay que recorrer los caminos para saber lo que deparan y no basta solamente con indicar a los demás dónde empiezan y creerte orgulloso de tu hazaña.
Bicos.