21 de agosto de 2013

Ánima, animal

 
Admiro la felicidad de los animales salvajes que ignoran siempre que la desdicha existe. Nunca padecen hambre ni sed, nunca están tristes. No poseen más que su propio ser. Nada esperan ni temen. Van y vienen, gobernando su vida, hasta que mueren. No dependen de nada ni de nadie y gozan siempre de albedrío, sin saber lo que es ni desearlo. Quizás, alguna vez fuimos como ellos y puede que, si existe un paraíso, renazcamos a una vida sin miedo. Desconocer el miedo podría ser la libertad, pero yo no sé de nadie que así viva: como un recién nacido.

6 comentarios:

Aldabra dijo...

es que yo creo que el miedo es inherente al ser humano, yo creo que los bebés también tienen miedo, a fin de cuentas, de pronto se ven en un medio diferente al que conocían... pasan del agua al aire.

seguro que hay algún estudio al respecto.

biquiños.

Lan dijo...

Pasar del agua al aire es lo que tiene la espeleología. El nacimiento es como la espeleología pero a la inversa. :-)
Biquiños, Aldabra.

d:D´ dijo...

Nos contaba un maestro mío, allá por los setenta, que los animales tenían alma pero que ésta al fallecer el animal desaparecía; no era como la de las personas. Tal vez por eso y en eso basaba él el determinismo que la naturaleza imponía. Decía que admiraba a los gorriones y otros pájaros, incluso a los cuervos, porque no tenían que ocuparse de trabajar...
Los documentales han ido demostrando, poco a poco, que no es así y que el trabajo, aunque sólo sea el del cortejo, es mucho y de una gran inteligencia natural. Emergente propiedad diría algún antropólogo conocido.
Los animales racionales o no tienen alma, supuestamente, y ésta muere con ellos pero su memoria perdurará más o menos en función de la impronta que haya dado a conocer su existencia; toda vez que eso sea posible, para bien o para mal, dentro del bien o del mal.
Ahí hay una gran certeza sobre la espeleología pues de ella sé un rato largo; uno cuando se introduce en esos úteros terrestres se reencuentra en un vientre, cálido más bien, al que afluyen infinidad de recuerdos antes solapados, ahora todos reviven en tanto en cuanto uno horada galerías y húmedas gateras. Divertículos que conducen a lugares inexplorados o laminadores ya trillados de los que metafóricamente convergen sentimientos infantiles de laberintos, vericuetos y otras sensaciones excitantes.
Espeleos materna est, concavidades voluptuosas que incitáis a buscar una salida mansa...
Pois eso... :)´

Lan dijo...

Siempre me maravillas, Beato, no sólo con tu erudición sino también por las interpretaciones de mis pocas letras. Lo normal es que lo que tú comentas supere con mucho la intención de lo que escribo. Siempre te lo digo.
Gracias, amigo.

d:D´ dijo...

Gracias, Lan, maestro; pero la erudición de esos escuetos textos es siempre tuya. La admiración es mía y son tus palabras las que conducen a construir montones de otras para jugar con tus párrafos a descubrir lo que pudiera haber más allá de lo literal. Ya sean tus exposiciones cortas o largas, entretienen y dejan el gusto del acertijo, la adivinanza envuelta tras las metáforas o lo símiles campestres, políticos, sociales, rebeldes muchas veces. Casi siempre de denuncia y rabia. Supongo se pega en el paracaidismo. Sólo leyéndote muchas veces, y esto ya lo he dicho, uno sabe que está leyendo formas alcarreñas o arriacas en las que se descubren infinidad de palabras rurales, castellanas, de buen uso aunque en desuso y eso es una pena.
Da gusto leerte y por ahí debería haber empezado.
Breves saludos :]´

Lan dijo...

Gracias, Beato. Pero, ¿te has fijado qué lejos queda ya aquella BRIPAC? Si tuviera que elegir algo de lo que allí aprendí, (porque uno termina aprendiendo, quiera o no, en los lugares más extraños), sería a sobrevivir.