31 de agosto de 2015

Escrito con leche

Lino lo escribió luego con leche de oveja en una pared, negra del humo.
Perseguido por un lagarto enorme, descubrió en la noche el santuario. Acosado por el reptil, entró en él. Torpemente intentó cerrar, pero las puertas no cedieron. El pastor cayó extenuado ante una virgencita de madera iluminada por lámparas de aceite. Apenas pudo suplicar: ¡Ampárame!
El ardacho alcanzó las jambas de la puerta justo cuando ésta se cerró tan violentamente que el animal murió, en dos partido.
Y así quedó la historia del tío Lino y el lagarto Zagalito, escrita con tinta de pastor.

8 comentarios:

d:D´ dijo...

Para *Lino el diablo adquiría tintes inconfesables y así *tejían leyendas y narraciones.

Interesante esa otra forma lagarta, ninguna como ésa para reflejar la superstición bien interesada. El miedo todo lo puede, amparo incluido y dilata el hipérbole llevándolo hasta lo más insospechado del campo; la ermita.

Lan dijo...

Pues el lagarto Zagalito debió de impresionar al tío Lino, tanto como para hacerle desperdiciar la leche de sus ovejas en improvisada tinta mural. Ten en cuenta que los pastores no se inquietan por nonada alguna. ¡Buenos son ellos!
Gracuas d:D' por tu amable comentario.

Ángeles dijo...

El tío Lino y el lagarto me parecen una versión hispana y rural de san Jorge y el dragón.
Y qué menos que dedicar un poco de leche para dejar constancia de los hechos en honor a la milagrosa virgencita.

Lan dijo...

Llevas razón, Ángeles. Pero también se le podía haber ocurrido usar la sangre del lagarto, del mismo modo que se encuentran muchas inscripciones antiguas hechas con sangre de toro. Seguramente no se atrevió a hacerlo pues no fue él quien mató al lagarto Zagalito y, por tanto, no se podía adjudicar la faena. Así que fue humilde y recurrió a la leche de sus mansas ovejas. El tío Lino, en resumen, no se quiso tirar el pegote.

d:D´ dijo...

Hay quién de forma dócil es capaz de desfacer entuertos por esos vericuetos posneolíticos y de cuando el cereal maduro se anda con premura al corte siempre en cada seitura nos tuercen las botas si se arriman el ascua las vecinas y fijan con candela la misma anécdota. Se ejercen tales de entre ellas que en los establos o cortes al noroeste que dicen y aún se tienen por ciertas o semi, como la leche sin serlo, esa sucedánea de hoy en día, las que pacen dentro y duermen atontadas de su propio metano entran hasta el fondo las muy reptiles preñadas y les succionan las ubres cual mamífero engendrado. Si fuera antípoda aún hubiera posibilidad de ser ornitorrinco pero de ahí a por dónde la culebra o lagarto se la hinco hay un paso abismal, cómo la de aquel mar océano...

Una buena apreciación inteligente y observadora la de la rapaza que no siendo lo mío lingotazo bien vale ella su peso en lingotes. Y es que el oro reluce sólo cuando no brilla su ausencia...

Lo de las flexiones era siempre antes de un salto la vacío, desde Torrepista o en el viejo Caribú antes de dejarme caer por Santorcaz...qué crónica de pueblo :))´

[Ahora está en su sitio]

Lan dijo...

Son tus comentarios tan peculiares, que no me atrevo a decir cuál es su lugar idóneo.
Saludos d:D´

Zeltia dijo...

Debía ser un lagarto muy grande, en el monte y de noche. Con mucha hambre.

pero toda historia queda empequeñecida ante el comentario de Beato. De verdad.

Lan dijo...

Los lagartos y otros animales, Zeltia, en el monte y en lo oscuro de la noche, son siempre enormes y tan hambrientos que nos vacían de cordura, nos vuelven pequeños y nos hacen buscar (tan alocada como irracionalmente) el seno de una madre protectora.
El Beato, con su fumarola de palabras, es un brujo celta que saca chispas vivas donde otros no vimos sino un poco del humo de las ascuas.