30 de enero de 2009

Historia de una peseta


Esta peseta la ganó una mujer en los años cincuenta. Le costó lavar toda una tarde en casa de un doctor. No la gastó.
Tuvo cinco hijos y, cuando se casó el pequeño, la pobre mujer no tenía qué darle. Así que, antes de que el hijo se fuera de casa, lavó muchas tardes en casa del médico. El día que su hijo se marchaba para casarse le entregó en un sobre noventa pesetas como ésta. Éste, conmovido, decidió que nunca las gastaría.
Él me regaló hace diez años esta peseta para que no olvidara a su madre ni la historia.

4 comentarios:

Zeltia dijo...

una historia muy conmovedora.
con emociones que expanden y esponjan.
hay tambien otras historias semejantes, pero que quizá, por no haber tenido el tacto o la sensibilidad de apreciarlas en su momento, al transcurrir los años y recordarlas, oprimen y agarrotan el ánimo. no sé si a éso se le puede llamar remordimientos, pero cuando menos, pesar.

Lan dijo...

Creo que soy algo maniático de los recuerdos.
Por razones de arreglar papeleos estoy buscando documentos en un gran archivador metálico de carpetas de cartón, de esos de antes, y han empezado a aparecer cosas que tenía olvidadas. Tesoros para quien le guste reflexionar y también para quien le guste escribir. Mas muchas de ellas me enseñan, más bien ponen en evidencia, aquello de lo que me mantenía ignorante: que soy viejo.

Piel de letras dijo...

Viejos los cerros..... ¡y reverdecen!
(dicho popular)

Besos

Lan dijo...

Y los viejos también podemos reverdecer y hacernos entonces lo que toda la vida se ha llamado viejos verdes ;-)
Saludos y sonrisas, señora PdL.