9 de junio de 2009

El oidor


Le gustaba escuchar. Recibía confidencias e incluso confesiones que algunos descargaban en él cuando ya no podían soportarlas más o, simplemente, porque intuían que iban a ser comprendidos o consolados. Estaban seguros de su discreción y de que, probablemente, encontraría las palabras lenitivas para su situación, en cambio, le sabían totalmente renuente a establecer vínculos afectivos. Algunos pensaban que, de haber nacido hace cien años, hubiera sido un buen sacerdote; y hoy, un psicólogo o un psiquiatra apreciado. Otros, menos idealistas, pensaban que, tal vez, lo que le ocurría era, sencillamente, que tenía la misma moralidad que un mejillón.
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6 comentarios:

Piel de letras dijo...

O era un devorador de pecados.
¿No?
Quizás simplemente bueno para escuchar, pero no para hablar (en el sentido de comunicarse).
Y menos para establecer vínculos afectivos.

Lan dijo...

Claro, mujer, es lo que digo.

Piel de letras dijo...

Me di cuenta al publicarlo: "estás repitiendo como loro" me dije. Pero no quise borrarlo. Quizás estaba distraida.
Me disculpo por ser tan zafia.

Lan dijo...

No creo yo que seas zafia. Tampoco pareces distraída. Pudo ser el reflejo de querer ser participativa. Sobran, como siempre, las disculpas. ;-)

Zeltia dijo...

También son gente muy buena para escuchar aquellas personas a las que le importa un güevo lo que les pase a otros.
Llamados finamente "individualistas"
:-)
Creo.

Lan dijo...

Ahí le has dao. ;-)