30 de septiembre de 2009

Desilusión, desidia, desánimo y cinismo


A tal grado de reglamentación y formalismo inútil se había llegado en la enseñanza, que aquellos viejos claustros reñidos de antaño donde algunos profesores, que creían en la educación, se batían el cobre con otros más prácticos, se habían perdido en el recuerdo. Buena parte del profesorado no había llegado a conocerlos. Reinaba la inhibición, la reglamentación, el sentimiento de carecer de autonomía, el desánimo para tomar iniciativas, la desisusión. Así que, en aquel claustro, tras aprobarse todos los puntos por anuencia generalizada, se llegó al debate más controvertido y participativo: elegir el agua mineral para la sala de profesores.
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4 comentarios:

Mostrenco dijo...

Es terrible ver como poco a poco la mediocridad se va estableciendo como un cánon de comportamiento en prácticamente todas partes. Cosas del siglo XXI, supongo.

Lan dijo...

¿Del siglo XXI? ¡Qué optimista! ;-)

zeltia dijo...

lo primero es lo primero
:-(
por lo menos no es todos los centros igual.
en algunos todavia hay gente entusiasta, con directores abiertos a innovaciones e iniciativas. pero claro, son los menos. y siempre hay que luchar con alguien...
y si no lo hubiera,
queda el ministerio, o consellería o similar

Lan dijo...

Seguro que habrá centros que funcionen muy bien.
Sin embargo, a tenor de los informes sobre educación, supongo que la habilidad y el buen hacer de algunos profesores excepcionales y generosos será lo que les salve. Como conjunto, Zeltia, parece que la cosa pinta mal.