11 de noviembre de 2009

El amor propio

Algunos entienden que “Amar a Dios sobre todas las cosas” significa que deben tenerlas todas para amarle. Puede que sea esa la principal dificultad para ser persona religiosa: La imposibilidad de tenerlo todo para ya, luego, tranquila y sosegadamente, dedicarse a amar al generoso Dios. Puede también que algunos, vista la imposibilidad de conseguirlo todo, opten, sensatamente, por amarle vía renunciación total. Suponiendo que sea posible. Otros no se pronuncian. Lo que sí parece general es que casi todos adecuamos nuestras ideas a la forma en que nos gusta vivir y no al revés, que dicen, que es lo meritorio.

4 comentarios:

Piel de letras dijo...

Es el propio amor ¿qué no?
Yo soy creación divina, soy pues, un cacho de Dios (se supone), luego entonces, si me amo antes que a nadie, amo a Dios sobre todas las cosas.
Digo, cuestión de interpretaciones.

;-)

Lan dijo...

Ya lo creo. ;-)

Zeltia dijo...

es verdad eso de adaptar las ideas a nuestra manera de vivir.
las vamos cambiando, según nos va conviniendo.
y, la mayoría de las veces,
ni cuenta nos damos.
aunque también existen las decisiones lúcidas,
en las que uno,
sabiendo que va en contra de lo que piensa,
de todos modos actúa, u omite, y se echa uno la saca al hombro, junto con el peso de sus otros pecados, y que a quien dios se la dé, sampedro se la bendiga. que no viene a cuento de nada esta frase hecha, pero era por meter a dios en algún lado

Lan dijo...

Sí, Zeltia, decoramos la mente como la casa. Sólo para que nos sea más cómoda la vida.