6 de abril de 2010

Cáncer

Desde la era donde, de pequeño, divisaba mi ciudad, hoy es imposible hacerlo. Cortinas de edificios cierran el horizonte. He de marchar lejos y ganar altura; salir a campo a abierto y subir a una ladera o a un teso. Desde allí observo que la Naturaleza sigue aparentemente como siempre. Sin embargo la ciudad, siguiendo las leyes del hombre, que de naturales tienen bastante poco, se extiende sin descanso. Y me da la sensación de que esos crecimientos constantes y anárquicos son contranatura. Que los hombres somos, en realidad, sin saberlo y sin pensarlo, el cáncer de la Tierra.

6 comentarios:

Metalsaurio dijo...

Espero que detrás de estas líneas únicamente esté el pensamiento de que somos el cáncer de la Tierra y no una enfermedad propia.

Buenos, buenos...no somo excesivamente buenos con la naturaleza, no...

Recientemente he visto esta exposición y creo que podría interesarte. Si tienes la oportunidad de ir a verla, es un buen pasatiempo:

http://www.fundacioncaixagalicia.org/portal/site/WINS001/menuitem.c880ceb66ab3416b791a53a451d001ca/?vgnextoid=afee5cd40cc47210VgnVCM100000140d10acRCRD
Un saludo!

Lan dijo...

No, por suerte, no es nada propio. Pero, sí que me parecemos neoplasias creciendo desordenadamente y con un orden distinto al de la Naturaleza.
Gracias. También por el pasatiempo.

Piel de letras dijo...

Pues no se si el "cáncer", pero depredadores espantosos sí.

Gracias por tus palabras

Lan dijo...

Al fin y al cabo, el cáncer es también una forma anárquica de crecimiento de algo que le es ajeno al funcionamiento del cuerpo donde se instala y del que se aprovecha.
Saludos, Piel de Letras.

zeltia dijo...

joder
no podemos ser originales ni en nuestros pensamientos.
;-)

es que esa comparación también la he hecho yo, así, siguiendo la misma línea que sigues tú

Lan dijo...

Seguramente,Zeltia, somos muchas las personas que coincidimos en pensamientos que decimos pocas veces. Por otro lado el progreso es un río en el que viajamos todos, unos de buen grado, otros a la fuerza. Y tampoco falta quien se pregunte por qué a determinadas cosas se les llama progreso. Te lo puedes ir cuestionando mientras la corriente te arrastra sin remedio.