
No debe caminarse despreocupadamente por páginas, aparentemente solitarias y en calma. Las páginas son tan peligrosas como el desierto. Nada esperas y, apenas te distraes, de repente, el fiero zeugma puede degollarte de un zarpazo, o un sermocinatio clavarte su aguijón en el cuello, o un quiasmo asfixiarte por sorpresa, o verte aplastado por la irrupción del terrible políptoton, o la silenciosa tmesis picarte en un huevo y eso, por no mencionar al certero parison ni a la traicionera paragoge. Hay bestias monstruosas, que casi nadie ha visto, pero que acechan agazapadas en las selvas y desiertos de las letras.
4 comentarios:
¡Lechessss!... no sabía que esto de la literatura fuera tan peligroso.
Un saludo, Lan
Pues para que te vayas enterando y no te fíes. ;-)
Saludos, Isidro.
A mí el zeugma, desde luego, siempre me ha dado mucho miedo. Y la epanadiplosis, ni te cuento.
Una entrada genial. Saludos.
Gracias, Ángeles. De vez en cuando a uno le apetece jugar con tanta palabreja como nos enseñaron y nunca aprendimos bien. Quizás, porque tampoco hacía mucha falta.
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