11 de diciembre de 2010

Al husmo de lo intangible

Sabía perfectamente lo que quería contar. Sin embargo, azacanado por trasmitir todo lo que sentía, no diferenciaba lo esencial de lo accesorio. Le salían frases interminables. Párrafos abigarrados que se le atragantaban en las entendedoras al lector. Pero, a él, todo le parecía imprescindible. Y no se daba cuenta de que la narración debe atrapar, que las historias no son explicaciones. El que lee cree lo que lee porque le apasiona, o deja de leerlo. Los incisos exhaustivos no le dan más verosimilitud a un relato. El simbólico agarre procede de la agilidad y de la magia sorprendente del lenguaje.

10 comentarios:

isidro dijo...

Madre mía, vaya foto Soros. ¿No se le habrá quedado así... a ese letor que dices?

Aunque estoy totalmente convencido, que un buen profesor, es capaz de dejarlo perfectamente corregido.

Un saludo

zeltia dijo...

como lectores somos muy exigentes
[y desagradecidos]

y creo que un escritor, si es egoista, si escribe para sí, tampoco tendrá lectores.

dificil lucha debe ser escribir para otros. pero que maravilla ir puliendo un texto hasta despojarlo de los envoltorios que lo disimulan, y que emerja límpido, transparente, aunténtico.

me he liado un poco, ya, apasionada.

Lan dijo...

Isidro, no hay manera de saber la cara que se le queda al lector. Y muy pocas veces se sabe quien ha leído lo que escribes.
Un corrector puede eliminar tus errores de puntuación o las palabras mal escritas, pero ha de ser uno mismo el que reflexione sobre lo que escribe. Lo que se intenta escribir puede parecer, en un principio, como una maraña de cosas. Ha de ser el autor el que diga: esto es la esencia. Cuando se hace bien el lector queda transportado por lo que lee y es uno más en la historia.
Ssaludos.

Lan dijo...

Zeltia, el lector ha de ser exigente. Si no lo fuera, todos valdríamos para escribir por el mero hecho de no ser analfabetos.
Creo que cualquier persona que escribe en un blog, en principio, no lo hace por egoismo. Pero ese desprendimiento no es, en absoluto, motivo para que lean lo que escribe.
El que escribe debe intentar hacerlo lo mejor que pueda pero, tras publicarlo, tampoco está en su mano el que otros recojan, o siquiera aprecien, lo que despendidamente ofrece.
Así que, el escritor vocacional, seguirá escribiendo, publicando y, en el fondo, disfrutando de un don que a él le hace feliz y, tal vez, a otros les guste.
Lo digo sin pasión.
Saludos.

isidro dijo...

Estoy totalmente de acuerdo contigo, Lan, en todo lo que dices.
Pero, yo creo, que tú también estarás de acuerdo conmigo, en que si te enseñan el atajo para esquivar esas marañas, antes harás el recorrido.

Un saludo

isidro dijo...

Estoy totalmente de acuerdo contigo, Lan, en todo lo que dices.
Pero, yo creo, que tú estarás de acuerdo conmigo, que si te enseñan el atajo para esquivar esas marañas, antes harás recorrido.

Un saludo

Lan dijo...

Sólo estoy de acuerdo parcialmente, Isidro.
Lo mismo que otras prácticas requieren mucho uso y son necesarias muchas horas, teóricamente en balde, para obtener un instante de éxito, también ocurre lo mismo con la escritura.
En mi caso, al menos, dedico muchas más horas a corregir, cambiar, modificar y eliminar gran parte de lo que escribo, que meramente a escribir .
Así que la ayuda siempre es buena pero uno ha de convertirse en su primer crítico y en su primer corrector. Y ya no me refiero sólo a las palabras y a los signos de puntuación, sino a la esctuctura global de lo que se ha escrito.
Es un aprendizaje tan largo como otros que tú conoces bien.
Un abrazo.

Ángeles dijo...

La entrada me gusta mucho, pero los comentarios no se quedan atrás.
Qué interesante y qué bien explicado. Gracias.

Lan dijo...

Las gracias han de ser para ti, Ángeles, por haber tenido la paciencia de leerlo todo.

Ángeles dijo...

My pleasure.