1 de junio de 2011

Memorias del pueblo: estar, están.

- Hijo mío, ¿no te das cuenta de que si vienes conmigo al huerto, en lugar de irte al bar, entre las dos, que no te gastas, y las dos que ganas, tienes cuatro?
- Sí, padre, y le creo. Pero, el caso, es que esas cuatro nunca las veo.
- El que tú no las veas no quiere decir que no estén. Están. Porque si las vieras y, como tú, las viera todo el mundo, entonces estarían desiertos los bares y llenos los huertos y el mundo no podría confundir a todos los mortales como yo intento evitar que haga contigo.

2 comentarios:

Piel de letras dijo...

Buenas intenciones las del padre. Como buen padre. Pero el hijo, como buen hijo, igual se comporta como hijo.
Y siguen diciendo las malas lenguas que "nadie escarmienta en cabeza ajena"
¿Será?

¡Saudades!

Lan dijo...

La experiencia es el único saber que aprendes quieras o no quieras. Y, sin embargo, también es el único que nadie puede enseñarte.
Así es la vida, señora Piel de Letras.