1 de mayo de 2012

Dar la cabezá


En mi pueblo no se hace. Eso de, en la iglesia, presentarte ante los allegados, con el finado en su féretro, y cumplir, dando la cabezá, no se hace, no señor, y menos añadir la frasecita: “Gloria y descanso tenga, que los ha merecido.”
En mi pueblo pasa uno por la casa y, familiarmente, se planta uno ante el cadáver y los cuatro velones, mira al difunto y, tras unos segundos de reflexión profunda, dice: “¡Hay que joderse, al cabo lo que somos!”. Luego te tomas una copa. No señor, eso de la reverencia no me gusta. Queda muy corleone.

2 comentarios:

Aldabra dijo...

son costumbres...

siempre me acuerdo de un velatorio en la aldea de mi padre...

el finado en la cama, velado por unas cuantas mujeres y en la cocina unos parroquianos y el yerno del difunto echando una partida a las cartas y bebiendo licor de guinda...

surrealista, de verdad.

biquiños,

Lan dijo...

No, Aldabra, los velatorios eran casi todos así. Las mujeres rezaban rosarios junto al cadáver y los hombres, en una habitación aparte, tomaban copas y contaban chistes, como poco.
Las personas no estamos hechas para la muerte.
Hoy entiendo más el velatorio de mi padre. Pasó algo así.
Bicos.