5 de septiembre de 2013

Humanidad


¡Malditos seáis! Porque tuve hambre y me llamasteis parásito,  porque tuve sed y me llamasteis borracho, porque era forastero y me disteis la espalda, estaba desnudo y os mofasteis, estaba enfermo y os alejasteis con asco, estaba en la cárcel y dijisteis que lo merecía, me ahogaba en la pena y no me consolasteis, os imploré y me llamasteis farsante y, sobre todo, porque el que vive en la calle a merced del azar y la intemperie, aunque reúna todas las faltas que a mí me achacáis, tiene a su favor una razón que vosotros desconocéis: la de la humanidad.

6 comentarios:

Aldabra dijo...

esta semana cuando bajé a mi perrillo para que hiciera sus cosas, cerca de las doce de la noche, me crucé con un hombre que llevaba una maleta pequeña y un bastón: estaba buscando tesoros en los contenedores, antes de que pasara el camión de la basura... sentí una profunda tristeza.

biquiños,

Lan dijo...

Seguramente, Aldabra, una tristeza tan inmensa como lo es compasión y la impotencia.
Bicos.

Insumisa dijo...

Errar es humano. Perdonar es divino. Pido perdón a nombre de todos los inhumanos que nos hicimos a un lado, que cerramos la ventanilla del carro y que fingimos no ver, cuando en realidad sí veíamos.

Ángeles dijo...

Y lo peor es que cada vez son más... los de un lado y los de otro.

Lan dijo...

Insumisa, la pobreza es un martillo que golpea, sin descanso, las conciencias. Nos recuerda, a pesar nuestro, que el mundo en el que participamos carece de éxito.

Lan dijo...

Sí, Ángeles, y nos acostumbramos a ver lo que no imaginábamos ver. Y no queremos creer que un día también podemos estar ahí nosotros.