18 de octubre de 2014

El orgullo y la geografía

-        Sí, señor. ¡Soy español! ¿Qué pasa?
Camino a casa, con el frescor de la noche, se disiparon algo los efectos etílicos. Y, dejando atrás honrosos vericuetos raciales, devaneó su mente con las ideas simples, ajenas al ridículo, y se acogió al sedante sentido del humor: “Claro, soy español, nací en España. Y, lo triste, es que, aunque quisiera, no podría dejar de serlo. De modo que al final, aunque me pese, soy español porque no puedo ser otra cosa.”
-        Y a ese qué le pasa –dijo uno al verle pasar.
-        Nada, que hoy la ha cogido risueña.

4 comentarios:

Zeltia dijo...

No sé si son muy farragosos los trámites para el cambio de nacionalidad...

;-)

Lan dijo...

Hemos de conformarnos, hija mía, será nuestro sino.
Oh, Señor, Señor, haznos perseverar en nuestro camino como hasta el día de la fecha (sin manillar).
Saludos y sonrisas, Zeltia.

Descalza dijo...

Mmmmm y yo sigo sin haberme emborrachado ni una vez en la vida. Pero igual, sí señor. ¡Soy mexicana!
¿qué pasa?
Jajajaja
Pero algún día "mi gato comerá sandía".

Lan dijo...

¡Qué gusto encontrar por fin una persona aún virgen al etilismo!
Ninguno podemos dejar de ser lo que somos. Lo malo es empeñarnos en encontrar orgullo donde no lo hay y dar a unas coordenadas geográficas categoría de cualidad sublime.
Y, yo creo, sin ofender a nadie, que tanto da ser de un sitio como de otro. Aunque no dé lo mismo ser de una manera o de otra.
Avíseme su señoría cuando le dé a su gato por comer sandía.
Apapachos.