2 de septiembre de 2015

Pepu, caballero rodante.

Su furgoneta es una ambulancia vieja que compró en Barcelona. Los que la pintaron eran grafiteros.  Pusieron lo de: “De Durango a Mali”. Pero verdaderamente fue en bici. “La Txatarrilla”, siempre le acompaña.
“Me gusta la bici porque me canso menos que andando.”
“No me gusta trabajar. Ahora, de joven, prefiero viajar. Trabajaré cuando sea viejo y no valga para otra cosa.”
Pepu, de Durango, experto en laboratorios médicos, nació en Euskadi porque sus padres andaluces se fueron allí. Lleva barba y melena. Frecuentemente le para la Benemérita porque su figura, asociada a la furgoneta, da el perfil, según él.

4 comentarios:

d:D´ dijo...

Afortunado él
Afortunado tú que has conocido a semejante entelequia y de ahí todo lo demás sobra...
Cuánto qué contar y descantado el dinero se regresa sólo con el dulce saber que se posan en los labios mientras habla lo que su coco entiende y aprende el viajero que va más allá de sus propias narices singladurales conlleva el factor sorpresa de arrastrar tras de sí la apertura de todas las fronteras y sólo los necios no se las franquearían.
Estos viajeros que no sólo le dan la vuelta al mundo si no al más sabio dos veces y media son capaces de apurar al máximo y reventar cualquier conflicto con cuarto y mitad de su arrojo. Sapiencia a golpe de pedal y conocimiento fluido del medio que en cada regreso vienen con algo más de hambre y desproporcionadamente ilustrados.
Ahí tenemos al gran Capitán Pedales, puro hombre de cuento; entre Marco Polo y aquel buen Hermano Lobo, salvo que éste es de humilde cuna.

Los veloviajeros son por esencia dados a la flexibilidad mental, al acuerdo, a la simbiosis y cordiales despedidas que se posan en las memorias locales como en un niño pequeño de la mano de sus padre viendo los fuegos artificiales en noches de verano, por agosto.
A gusto me leeré su blo para interiorizar qué alimento lo empuja fuera de su entorno y lo desprende más allá de la nada de los bolsillos. En otro tiempo hubiera sido considerado un facineroso malhechor y un maleante vago. Hoy es digno de elogio e incluso mucho que escribir de tanto darle a catalina cuesta arriba monte abajo. Qué se yo.
Seme de uno que nació con un velocípedo debajo al que un simio verdadero en una frontera educó y recorrió a golpe de rueda colegiatas lusas, rectorales, freguesías y graneros; lugares de matronas y nodrizas fronterizas, zamoranas o cualesquiera otras. Vecinas del mayor y sensual sentido maternal, sólo con dos duros. Son cosas del pasado y admiro a esos que se alejan tanto como más viejo de los marinos mercantes.
Mucho nos tendría qué contar éste ya que mi comentario está construido sólo de soslayo en función de tus cien palabras de siempre, o menos.
Fascinante debe ser pues tú le dedicas interesantes conjuntos de palabras.
Fascinante quién tan bien lo retrata.
)Yo sólo fascinado.
Me voy, que llevo unos días de vago que se me acaban a golpe de minutero.
Saludos, Lan, a porrillo...

Lan dijo...

Amigo d:D'
Me impresionó la sencillez de este hombre. En nada veía problemas. Todo lo hablaba con la naturalidad del que no se siente atado a ninguna cosa.
Sobre sus viajes me dijo: "En cuanto sales de Europa se acaban los problemas, la gente te acoge y te ayuda, seguramente en España también fuimos así hace 150 años".
Me sorprendió encontrar en nuestros días alguien tan sereno y sensato.
Tras un buen rato de conversación me dijo: "Esta conversación que estamos teniendo también es muy inusual".
Saludos.

Zeltia dijo...

Fui a ver el blog de este viajero, caminante del mundo, admirados para mi que soy debilucha y caguica, sólo me leí la primera entrada, mejor dicho la última, pero sin duda es un lugar al que volver.

gracias por el descubrimiento.

Lan dijo...

Zeltia, el descubrimiento fue más la persona, su modo de ser, de comportarse, la sencillez de sus planteamientos, su sensatez hoy tan infrecuente...Quizás, cosas todas imposibles de sugerir siquiera con cien palabras.