Miró el aula desde la puerta. Cerró
y entregó las llaves. Del mismo modo que llegó hacía siete lustros, se marchó.
Ni tuvo bienvenida entonces, ni tampoco quiso despedida. Con el imperceptible
gesto del que escribe, cerró el paréntesis. Y en él quedaron encerrados los
gozos, las alegrías y las penas. Más de mil caritas infantiles, llenas de lágrimas y sonrisas, la miraron
marcharse desde el silencio borroso del pasado. Y todo, en un segundo, se escapó por la atarjea del tiempo.
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13 comentarios:
¿Cómoooo?
Pues, sí. Así es como ella quiso irse. Porque hay profesiones que, si no se hacen bien, es imposible ser feliz en ellas. Ella fue muy dichosa en la enseñanza y, al marcharse, quiso evitar un dolor que la rompiera.
Así me gustan a mí las despedidas: sin despedida.
Y los regresos me encantan, por cierto.
Gracias, Ángeles.
De todos modos es muy difícil despedirse así, socialmente no se admite. Pero, para algunas personas, esas despedidas son muy dolorosas y, aun a cuenta de quedar muy mal con todos, prefieren irse en silencio y sufriendo lo menos posible porque hay actividades que marcan mucho a las personas.
Si así lo quiso es porque le dolería hacerlo de forma distinta, pero estoy contigo en que no es una forma fácil de hacerlo, primero porque es cierto que no se ve bien socialmente pero también porque quiero creer que hay muchas personas que quieren agradecer a esos otros que tanto les han dado y acompañarla en la despedida es una manera, aunque respetarla en su salida también es otra.
Hacía tiempo que no me pasaba por este blog tuyo.
Un abrazo
¿Y qué es atarjea?
A mí tampoco me gusta demasiado despedirme. Entiendo las desapariciones.
Las despedidas "socialmente aceptables" o "políticamente correctas" son lo que menos importa a quien con vocación, dedicación y amor llevó a cabo su trabajo, su amada labor durante mas de la mitad de su vida. Es un duelo, pero también una puerta que se abre ante muchas y nuevas posibilidades. Redescubrir la vida sin horarios y beber un café sin ir contra reloj.
Le va a costar algunas lágrimas. Pero ya verás que mas pronto que tarde, "le encontrará el sabor al caldo"
Apapachos desde la Baja mas al norte del otro lado del charco.
Gracias, Conxita, por pasarte de nuevo por aquí. Es culpa mía, lo he tenido sin publicaciones unos meses.
No sé si en las despedidas les debemos dar satisfacción a los demás o evitarnos el dolor que producen. Mejor, cuando se puede, que elija cada uno.
Un abrazo.
Paloma, una atarjea es un desagüe, la boca de una cañería por donde desagua, haciendo un remolino, un gran recipiente, un estanque, una alberca...
A veces a las personas no las dejamos irse en paz ni muertas.
Gracias por tu comentario.
Supongo que usted, señora Anónima, ya le encontró el sabor al caldo y sabe de lo que habla. Me parece recordar también su despedida.
Apapachos y gracias por comentar.
Muy bien así, los que realmente importaban, esas más de mil caritas infantiles, se quedarán por siempre en sitio preferencial de su memoria de afectos.
Un abrazo.
Sara O., la enseñanza se asemeja a los vuelos que se dan entre gentes que aún no saben volar y a los buenos docentes se les recuerda después toda la vida.
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