20 de septiembre de 2008

Un deseo


Deseaba acabar sus últimos años laborales con la misma entrega que tuvo en sus comienzos. Creía que esa actitud ante el trabajo favorecía su equilibrio mental. Algunos de sus colegas, aunque no se lo dijeran, pensaban que era un alma cándida y un iluso (algunos lo decían sin ambages: un gilipollas) pero, por el mismo precio, él prefería mantener la ilusión. Aunque ahora sabía mejor cómo funcionaba el mundo, aún no deseaba darse de baja en él. Así que, además, seguiría escribiendo mientras le quedaran ganas y la cabeza le funcionase medianamente, o sea, como hasta ahora. No convenía exagerar.

5 comentarios:

Piel de letras dijo...

¡Amén!

Lan dijo...

Gracias por el así sea.

Zeltia dijo...

ah, pero que me dices de un buen drama desmedido!

:D

no, no, ésos para las novelas. nada como un equilibrio emotivo, decisiones ponderadas... pero sobre todo, sobre todo ¡ilusión!

Zeltia dijo...

ah, que esa ventana hechiza, prende, enamora, no le hace falta julieta alguna

Lan dijo...

Hay tiempos perezosos en los es una ardua tarea dedicarse, vocacionalmente se entiende, a los dramas desmedidos. Tiempos hubo para todo...
Así que la ilusión, por mentirosa que sea, produce menos desgaste y parece una cosa más acorde con el tedio dulce de la vejez.
La ilusión a estas alturas es tan irreal como esa ventana hechizada. Sin embargo la ventana existe, por eso la pude fotografiar.
Saludos ;-)