12 de agosto de 2009

Montando la tienda


El niño recita la fauna local. Al muflón le sigue el águila imperial, el acentor alpino, el topillo, el misterioso lagarto ocelado, la inquietante víbora hocicuda, a la que no conviene molestar, la gineta, la garduña, el tejón , todos esquivos y nocturnos, el lirón careto… y hacia la costa: ánades, martín pescador…
Sus padres se descomponen paulatinamente por su impericia al montar la tienda nueva mientras el feliz recitador no para.
- ¡Sujeta aquí! –dice bruscamente la madre.
- ¿No decíais que no me necesitabais? –alardea el cantarín.
- ¡A lo mejor, mañana por la mañana, amaneces en el pueblo, por gilipollas!
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3 comentarios:

Ángeles dijo...

Qué triste debe ser estar tan solo estando con los padres. Y qué alegría tener un mundo paralelo al que escaparse.

zeltia dijo...

el niño un pitagorín!
:-)
mi hijo soltaba la letania de los nombres de los distintos dinosaurios, primero la lista de los carnívoros y luego la de los herbívoros, hablaba de pleistocenos y yo, mientras colgando con las bolsas de la compra. entiendo muy bien al padre, sí sí. de listillos está el mundo lleno
:-)

Lan dijo...

Llevas razón, Ángela, un niño viajando con dos adultos, por muy padres que sean, se aburre.
A casi todos los niños les gusta ser pitagorines, Zeltia, y también son colaboradores por naturaleza, pero, claro, estando aburridos y teniéndolos encimaza todo el día pueden sacarnos de quicio a los adultos. Tienen ese don. :-)