6 de febrero de 2010

El ave asustadiza

Recostado en el sofá se dejaba acariciar por la luz suave del sol que filtraban las cortinas. Miraba las cúpulas oscuras y quietas de los árboles recortarse ante el cielo calmo, de azul mudo. Le invadía la contemplación y la indolencia. El instante le pareció potencialmente eterno. Estuvo a punto de dormirse en él.
El ave asustadiza de la serenidad levantó el vuelo. El brutal ruido del tráfico, oleaje artificial e incesante, momentánea y extrañamente ignorado, le penetró súbitamente. Y todo se desmoronó como en una pesadilla. Pero el horrible fondo le reveló despacio quien tenía la culpa de todo.

7 comentarios:

Piel de letras dijo...

Y por eso es bueno colocar vidrios aislantes del ruido.
;-)
Alguna vez, cuando era estudiante normalista, leí que había un señor (que no recuerdo el nombre), científico o algo así de importante. Que no descansaba demasiado, y que consideraba, que lo que duraba en caer al suelo la cuchara que colocaba en su mano. Era suficiente medida de sueño.
Luego de despertar por el sonido que hacía el objeto de metal al caer, se sentía alerta y descansado, para seguir trabajando.
Hice el experimento algunas veces, sobre todo cuando tenía exámenes importantes en puerta.

Lan dijo...

Al contrario, Piel de Letras, las circunstancias extrañas, a veces, te hacen percibir cosas nuevas. Los cristales, como estén.

zeltia dijo...

quién?

Ángeles dijo...

"El ave asustadiza de la serenidad".
Me encanta.

Lan dijo...

Pues no sé, Zeltia. No me lo dijo. Pero supongo que, como de todo, ZP. :-)

Lan dijo...

Sí, Ángeles, es un ave que permanece poco tiempo cerca y a la vista.

zeltia dijo...

yo también me fijé en lo del ave asustadiza de la serenidad,
y tb me gustó una barbaridad,
no sé por qué no lo dije.
aunque estoy pensando que, si cada vez que haces una frase que me encanta te lo dijera, lan, ...
y sí,
ZP
seguro
con la que está cayendo,
sobre todo desde la pérfida albión