13 de noviembre de 2010

El viento acedo

Algunas veces se me ocurre pensar, o desear al menos, que me gustaría recuperar a los amigos que sufren. Por eso, cuando padezco, intento aceptar mi propio sufrimiento para que no tome el mando y me transforme. Porque fuera de mí siempre hay alguien que espera. No me gustaría quedar incapacitado por la pena, porque las penas grandes nos trasforman en otros. Porque nos sacan de nosotros mismos y nos suplantan por quienes no somos ni los demás conocen. Ellos quieren que seas el de siempre, el que fuiste, el que quieren, porque ser otro es abandonarles y abandonarte.

8 comentarios:

zeltia dijo...

Nos transforman en otros?
yo creo que también somos nosotros.
cuando somos niños y tenemos la fe intacta, existe ya en nosotros el que más tarde seremos?

bueno, dejando esas ralladuras aparte,
yo también deseo que el sufrimiento no me suplante,
no sé si por no abandonarles a ellos, a los que me quieren
o por no abandonarme.
es que yo soy muy egoísta, y sobre todo cuando sufro

Diosesargentino JULIANO dijo...

es muy cierta tu afirmación, las penas nos sacan de nosotros mismos.
en el dolor se juntan sentires hondos que a veces nos hacen distorsionar nuestras sensaciones verdaderas. Abrazo

Piel de letras dijo...

¡Glups!

... ya quiero ser yo misma de nuevo.

Lan dijo...

Creo que sí, Zeltia, el dolor profundo nos transforma en otros. La vida nos modela de continuo pero el dolor profundo puede rompernos, sacarnos de quicio y usurparnos.
Si no queremos salir de él por los demás, como ironizas, deberíamos hacerlo por nosotros mismos. Y no creo que sea egoísmo sino el afán de curación que es bueno tener cuando algo grave nos afecta.
De todos modos las palabras son sólo palabras y, como las semillas, no fructifican si no caen donde deben caer y en su momento.

Lan dijo...

Veo que sintonizas con lo que me parece, Juliano.
A uno, de vez en cuando, le gusta que le den la razón. ;-)
Otro abrazo para tí.

Lan dijo...

Me alegro mucho, Piel de Letras.

Ángeles dijo...

Es verdad que las penas grandes nos transforman, pero yo creo -sé- que no siempre para mal. Una vez superado el dolor podemos reaparecer renovados, con mayor capacidad para relativizar las cosas y por lo tanto para ser felices.
Me ha gustado mucho esta entrada. Muchas gracias.

Lan dijo...

Me alegro, Ángeles, de que te guste.
Suele ser mejor, como dices, la persona que vuelve a su ser después del sufrimiento pero, cuando lo sufre en el momento de más intensidad, no parece quien era. A veces, parece que se ha ido y los demás estamos esperando su vuelta.
Gracias a ti.