20 de enero de 2011

La seguridad

El gigante está preso. Quería defenderse con murallas y quedó recluido por su recelo. Primero se sintió orgulloso y fuerte, luego distinto y después solo. Pensó en hacer amistad con los pájaros, los únicos que podían alcanzarle, pero su superficie, lisa, moderna e irisada no ofrecía asilo para ellos. Los otros seres no podían acercarse y, tras mirarle curiosos al principio, le dieron la espalda y el mundo funcionó fuera de su recinto. Y el gigante miraba desde dentro, sintiéndose seguro y resguardado, y pensaba lo aburrida que había llegado a ser su vida. Hubiera preferido vivir y tener miedo.

4 comentarios:

Ángeles dijo...

La soledad del poderoso, un tema clásico. Como siempre, muy agudo tú en tus observaciones y sensible al entorno. Y, otra vez, una foto fantástica.

Lan dijo...

Gracias, Ángeles. Las fotos están perdidas entre el marasmo de las urbes. Si tomas sólo lo que te interesa, asunto arreglado.

Piel de letras dijo...

Es que vivir y tener miedo son dos cosas distintas y una sola. Aprender a caminar da miedo. Establecer o iniciar relaciones con extraños da miedo. Decir lo que sientes, da miedo. Pedir lo que deseas, da miedo. Pero todo es parte de la vida.
La analogía con las intenciones del gigante egoísta de Wilde se me vino de pronto a la cabeza.

Lan dijo...

Sí, el miedo puede llegar a impedir la vida. Pero ese es un precio demasiado alto y, antes que no vivir, es preciso afrontarlo.
Saludos, Piel de Letras.