5 de junio de 2011

Vivir para nada

(Foto tomada del periódico Guadalajara 2000)
¿No soñaste alguna vez, de joven, con llegar a saber cómo funcionaba el mundo? A mí, sí me pasó. Y, como todo lo que se ansía vehementemente, paulatinamente se fue cumpliendo. Hoy no sé si ocurrió por mi decidida voluntad o, simplemente, por el transcurrir del tiempo y de los hechos, o por esa mezcla de cosas que se llama experiencia. Pero, si volviera a ser joven, tal vez volcaría mi atención en otras cosas menos desagradables y tristes, en cosas que no me quitaran las ganas de vivir, o en alguna cosa que significara que he vivido para algo.

4 comentarios:

Ángeles dijo...

Te has montado en el tren de la melancolía, ¿eh?
Pues si puedes, bájate en la próxima, que seguro que hay algo que merece la pena.

Lan dijo...

No creas, Ángeles, ya sabes que, escribiendo, se pasa fácilmente de un estado a otro. Sin embargo, tampoco me gusta desaprovechar las ideas que me pasan por la cabeza.
Saludos.

Piel de letras dijo...

El mundo y su funcionamiento son todavía un misterio para mi. Se que no he perdido mi capacidad de asombro... y tampoco la esperanza.
Hoy por hoy me preocupo menos por esas cosas y me aplico a trasplantar flores, arbustos, orégano y hierbabuena.
Antes pensaba que ni los cactus vivirían en mi patio. Pero ya vi que sí. Solo faltaba riego y constancia.

Lan dijo...

Muy bonito, Piel de Letras, el ejemplo que me pones de tu patio pero es una lástima que los logros colectivos nos los estén desmoronando.
¿Quién?
Huy, nadie lo sabe. Los mercados.
Saludos