30 de enero de 2012

Lo que nos queremos

Ninguna persona está contenta con su sino. Pero, la mayoría, somos afortunados porque tenemos imperfecciones que casi todos ignoran. No arrastramos defectos evidentes, pegados onerosamente al cuerpo. Ser enano, por ejemplo, o deforme, cojo, ciego, sordo o, simplemente, diferente. Porque la diferencia es un defecto que afianza a los que, aparentemente, no tienen ninguno. Pero, curiosamente, todos nos imaginamos diferentes a los demás, con una diferencia que indefectiblemente nos hace superiores, ¡maldita sea, qué mal me expreso!, quería decir distintos. Y, sin embargo, nuestra gran seguridad en este tránsito, como algunos llaman a la vida, es justo el parecer iguales.

4 comentarios:

Aldabra dijo...

pues a mí no me gusta ser igual que nadie, siempre reivindico mi diferencia, ni mejor ni peor que la de los demás, pero mía... igual es egoísta, no lo sé... pero no me importa, ya no.

al fin me quiero como soy... y ya era hora!

pero no veas como me ha costado llegar hasta mí misma!

biquiños,.

Lan dijo...

Creo que entiendo lo que dices, Aldabra. Y me alegro de que, tras las vicisitudes de tu vida, hayas llegado a tan buen puerto.
Bicos.

Insumisa dijo...

Me gusta parecer igual a tantas. Siento que de esa manera, con un perfil bajo, el tránsito resulta infinitamente mas fácil. La cuestión es mantener la boca cerrada, la mirada esquiva y el mentón un poco menos levantado que de ordinario.

Lan dijo...

"La cuestión es mantener la boca cerrada, la mirada esquiva y el mentón un poco menos levantado que de ordinario."
Qué bien te conoces, Insumisa. Y qué mal se te da el disimular. Se ve que lo tuyo no es ir de modosita por la vida, que enseguida te viene el ramalazo y te pones de manos. Lo creo.