26 de febrero de 2012

Embelesadito

Su paseo diario, atravesando el parque de La Concordia, se hacía interminable. Eran dos débiles cañitas a merced del viento. La anciana se llamaba Angustias y el marido, tan octogenario, débil y ajado como ella, Ezequiel. La fragilidad de ambos no parecía de este mundo. Pero siempre avanzaban muy despacio a lo largo del paseo sin que él le quitase a ella los ojos de encima.
La abuela Narcisa les miraba con una risa nerviosa y burlona.
-        Pero mírales: ¡qué espectáculo!, pero si va embelesadito.
Pero a mí no me engañaba. Siempre pensé que lo decía con envidia.

6 comentarios:

Aldabra dijo...

y si va embelesadito ¿qué pasa?, a nadie debe importarle

pura envidia, sí señor.

bqñs.

Lan dijo...

Ya veo que coincides, Aldabra.
Bicos.

zeltia dijo...

Hay en mi barrio una parejita así, creo que he hablado de ellos en mi blog.
Los observo y siempre los veo embelesaditos y siempre he sentido envidia.

pero un día, cruzaban y venía un coche de ésos tuneados, con un ruido de tubo de escape que acojonaba, hizo el amago de no parar y la ancianita que iba cogida de la mano de el, como siempre, se soltó y corrió un poquito con su paito de pájaro cojo, y allí lo abandonó a su suerte, renqueante y temblón con su bastón que parece la pierna más firme.
De su nariz cayó una gota grande y pesada sobre la enorme bota.

Lan dijo...

Se ve que en tu caso, como en el que yo narraba, el embelesadito era él.
¿Estás segura que el goterón le cayó de la nariz?

Insumisa dijo...

De los embelesaditos, embelesamientos y embelesados nos guarden la guardia civil, la guardia suiza pontificia y la policía judicial del mundo!!!

Lan dijo...

En algunos casos no, mujer. Que también hay amor del bueno. Algunas veces, Insumisa. No seas farota.