16 de noviembre de 2012

Cintura política (viejo pero malo)



A veces abrir la boca sirve para desacreditarse totalmente. Porque hay cosas que no deben producirse fuera de esas cuatro paredes en las que nos sentimos libres y, a veces, ni ahí.
Don Alejandro, por ejemplo, que es profesor de filosofía, director de instituto y concejal, se tiró un cuesco en la última reunión de vecinos. Pero lo peor fue que, haciendo acopio de sus reflejos de intelectual y de su cintura política, miró a la señora que tenía al lado y, sin inmutarse, espetó a la concurrencia:
- Queridos convecinos, del pedo de esta señora me hago cargo yo.

6 comentarios:

Aldabra dijo...

ja ja ja

se me viene a la cabeza una frase de Groucho Marx:

"es mejor permanecer callado y parecer tonto que hablar y despejar las dudas definitivamente"

biquiños,

Ángeles dijo...

¡¿Donde está esa escultura maravillosa?!

zeltia dijo...

A mí me recuerda a un bibliotecario que conocí.
Pomposo y anacrónico, pero muy agudo.

Lan dijo...

Sí, Aldabra. Así somos y así ocurre en la mayoría de los casos. Groucho tenía razón.
Bicos.

Lan dijo...

Pues es una escultura que alguien puso sobre la tapia de un chalet nuevo de una urbanización nueva en un barrio nuevo de Guadalajara. Se ve, Ángeles, que el propietario quería ver un símbolo antiguo entre tanta novedad o, tal vez, indicar que tras tanto progreso el diablo acecha siempre.
Saludos.

Lan dijo...

La frase, Zeltia, se la oí decir en otras circunstancias a un viejo amigo, catedrático, que utilizaba la pomposidad para hacer humor.
Por otro lado, es una imagen de lo que hacen con nosotros los políticos: hacernos víctimas de sus errores para luego, ellos mismos, redimirnos.