29 de enero de 2013

Onanismo



Deslumbrado por lo inefable, tanto le palpitaban interiormente las ideas que le sobrecogían como las oberturas de algunas sinfonías. Abrumado, se preguntaba si había para tanto o si valía la pena aquel alivio, aquellas tormentas absurdas con vocación de escritura. Pero, casi siempre, le terminaba venciendo la tentación de sentir las palabras rebotando en el aire, buscando su destino, para, finalmente, verlas apresadas en frases, brutalmente inmovilizadas y prendidas a un significado; y, sobre todo, le podía el placer de sentirlas emerger, todas juntas, con la prisa incontrolada de un espasmo, de su cabeza insomne, como una eyaculación fecundadora del vacío.

8 comentarios:

Aldabra dijo...

ósease que no escribimos sino que eyaculamos...

biquiños,

Lan dijo...

¿Eso se te ocurre? ¡Qué conocimiento!
:-)
Bicos, Aldabra.

Ángeles dijo...

Que sí, que sí, que vale la pena. Y aunque no la valga, ¿es que acaso se puede remediar?

Saludos de esta cabeza insomne.

Descalza dijo...

Ejem, ejem, ¡cof, cof, cof!

Pero miren al Lan a media noche, hasta parece transformarse en Lancelot y sus letras son la princesa Ginebra.

Digo... "hasta parece"
;-)

Lan dijo...

No se puede remediar, Ángeles, cuando no se tiene cosa mejor que hacer.
Saludos.

Lan dijo...

Cualquier cosa, Descalza, puede parecer. De eso se trata.
Gracias.

zeltia dijo...

Deslumbrado.
Inefable.
Abrumado.
Alivio
placer
fecundadora del vacío.

Lan dijo...

Siempre, bueno casi siempre, hay un intento en todos los que escribimos por meternos en esa contradicción que es describir lo inefable que, por definición, es justo lo que no puede describirse con palabras.
Así que en ello estamos casi todos. Al menos, eso se me ocurre, Zeltia.