8 de abril de 2017

Mirando al futuro


Los oídos de piedra añoran los tonos quedos que sofoca una almohada.
El olfato, íntimo notario, recuerda olores personales que se desvanecieron.
El tacto tiembla sobresaltado, romo ya para diferenciar texturas.
El gusto tiene tatuajes viejos sobre los que no encaja ninguna novedad.
Las articulaciones, engarzadas en astillas de tiempo, son pedernales que dictan rigidez.
Los ojos, lavados por mil aguas de penas y alegrías, se han desvaído y miran asustados a la indefinición borrosa.


10 comentarios:

Ángeles dijo...

El tiempo deja su huella, en todos los sentidos.

Lan dijo...

Claro, Ángeles, pero últimamente no estoy seguro de que los humanos estemos preparados para lo que nos espera.

Conxita Casamitjana dijo...

Es que vivimos de espalda a la vejez y da miedo en una sociedad en la que solo se valora la juventud. Esa aceptación del paso del tiempo y de esos cambios que no se pueden evitar porque son naturales, eso cuesta y mucho.
Un saludo

palomamzs dijo...

Mi abuela decía: la vejez es muy fea, ya lo veréis.
Nos parecía que estaba un poco loca. Y no tanto, no.

Anónimo dijo...

¿Y como para qué jijos habría que mirar al futuro?
Borroso ¡claro que sí! ¿cómo podría ser de otra manera? NI LAS VIDENTES LO VEN CLARO.
No es la vejez lo que es fea, es la incapacidad o discapacidad que algunas veces apareja con la edad. Por eso "mesmamente" (dijo el indio) mejor vivir el hoy de la mejor manera, de la manera que mas me "cuadre".
Digo yo, sin andar haciendo daños, sin andar pisando callos, sin cargar rencores y/o agravios.
No le tengas miedo al "cucuy". A lo mejor ni se te aparece.
:P
(Ya se me volvieron a olvidar mis claves de acceso, por eso ando ligeramente anónima)

Sara dijo...

Así es el futuro, siempre: una indefinición borrosa, que asusta cuanto más viejo eres.

Besitos.

Lan dijo...

Conxita, es cierto. Los cambios, a peor, se aceptan mal. Y, además, los que llegan a la vejez han de acoplarse a ellos por primera vez.
Gracias por tus comentario.

Lan dijo...

Paloma, ahora todo el mundo tienen a crecerse ante la adversidad, a luchar como héroes contra las enfermedades, a reinventarse cuando llega la vejez... y todo por ocultar la verdad: que la vida siempre nos va venciendo hasta que un día nos derrota definitivamente. Pero ni en las desgracias nos resistimos a sentirnos protagonistas.
¡Hay que ver cómo somos!
Gracias por tu comentario. Bien lista, tu abuela.

Lan dijo...

Aunque andes anónima, el viento del desierto tiñe tus palabras con un deje inconfundible. Enseguida te conocí.
Un placer, como siempre, recibir tus comentarios.
Apapachos.

Lan dijo...

Sara, a mí me parece que el futuro, cuando más asusta, es cuando se te hace presente. Porque ninguno nos lo esperamos.
Gracias por tu comentario.