
- Sí.
- ¿Seguro que no tienen perro?
- Ni perros ni niños.
- Pero, ¿les gustará escuchar la radio?
- Tampoco traemos radio ni tele.
- No pueden venir al camping con el coche después de las 11.
- Nos movemos siempre andando.
- Pero, ustedes, entonces, ¿de verdad que son españoles?
- Sí, señora. Y por eso aceptamos, con humildad, la germánica mano que rige este negocio. No tendrá quejas.
- No tiren colillas en la parcela.
- Ni defecaremos en ella.
El ama del camping, a pesar de todo, se quedó perpleja. Éramos los únicos españoles, claro. Aún así, nos admitió.