
Aunque el día está espléndido y ayer el médico me dijo que mi reconocimiento había dado resultados normales, hay algo que siempre me impide ser feliz. Es la idea de que todo lo que está bien tiende a no estarlo, la de que todo es provisional y de que inevitablemente estoy avocado a la catástrofe. De momento vivo con esa libertad condicional en que todos lo hacemos. Tendrá que ser así, porque en lo otro, en eso que ofrecen bajo el sugestivo y comercial nombre de vida eterna, nunca creí. Lo efímero no produce contento pero, ¿hay otra cosa?