
Con la operación retorno he vuelto a casa y a la tele. Con los consejos comerciales, como llaman a la publicidad, vuelvo a ser consciente de todas las cosas que necesito, y no comprendo cómo he vivido casi dos meses sin ellas. Un anuncio incita, por variar, a que vendamos. Sí, ese oro que tenemos por casa bajo forma de pequeñas alhajas que, al menos un día, significaron algo. Una mujer jovencísima dice que nunca imaginó la pasta que le dieron por el anillo de su primer matrimonio. Y así da la impresión de que puedes vender hasta el fracaso.
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