
Las amplias vistas de sus bajos, la semidesnudez tatuada de sus medios, el alto picasiano de su cara y su pelo, o sea, aquella chica perfectamente tuneada, contrastaba con su cara Amy Winehouse de evidente mala hostia, sus mohines altivos de desprecio y sus ostentosos gestos, de asco y soberbia, hacia quien ponía los ojos en los suyos. Pero nadie podía evitarlo. Si no le gusta que la miren, ¿por qué va así? ¿Por qué le gusta una cosa y la contraria? Es tan joven, dijeron con una mezcla de envidia, entendimiento y conmiseración: casi como si fuera tonta. Sí.