
La verdad es que la chica era muy mona. No era, por otro lado, nada provocativa ni en sus modales ni en su forma de vestir y sólo desentonaba en su atuendo, normalmente elegante y discreto, un bolso alargado de piel suave y flexible que permanentemente le pendía pesadamente de un hombro.
- Chica, no te separas del bolso. Siempre te veo con él en bandolera.
- Pues mira, porque estoy harta de que me toquen el culo.
- ¿Y con el bolso lo evitas?
- Pues sí, porque dentro llevo una plancha… y las costillas de alguno ya la han catado.
- Chica, no te separas del bolso. Siempre te veo con él en bandolera.
- Pues mira, porque estoy harta de que me toquen el culo.
- ¿Y con el bolso lo evitas?
- Pues sí, porque dentro llevo una plancha… y las costillas de alguno ya la han catado.
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